El Toubab: 'Tocar es la calle es muy duro'

El reusense Jaume Blanc, conocido artísticamente como El Toubab, se embarcó en abril en un viaje por Latinoamérica para empaparse de su cultura y empezar a dar forma a sus nuevas canciones. Formó parte de grupos como Presidents, Té Verde o La Voz de los Nadie y hace unos cuatro años cogió su guitarra, se lió la manta a la cabeza y se dedicó a viajar y a tocar por calles, bares y "allí donde me dejen". Tiene tres discos en solitario.

¿Qué le ha llevado por Latinoamérica?
 Un viaje por tres países, Perú, Ecuador y Colombia, tocando en cárceles, escuelas públicas y cantinas. Una travesía a lomos de un bus por la Panamericana. 5.796 kilómetros, desde Lima a Bogotá, pasando por Trujillo, Mancora, Guayaquil y Quito, para escribir canciones, junto a mi hermano, Dídac Blanc. Un viaje para sangrar canciones inspiradas en las mil anécdotas compartidas con los clandestinos compañeros del trayecto.

 ¿Cómo surge esta travesía?
 Mi último disco, 'Sonido de Monedas', está grabado con músicos de diferentes nacionalidades, colombianos, ecuatorianos y cubanos. Ellos me hablan de América Latina y de sus sonidos y ritmos, despertándome la curiosidad. Viajar sirve para conocer otras culturas, pero también sirve para comprobar que la tuya no es el ombligo del mundo. Quizá por eso, siempre huyo de mi casa. No me quiero acomodar aquí. Salgo por ahí para vivir la vida de forma saludable con lo que más me gusta, la música.

¿Qué es lo que más se le ha quedado grabado de esa experiencia?
Comprobar que nosotros debemos de aprender mucho más de América Latina que ellos de nosotros.

¿De dónde le viene esa inquietud para estar constantemente en movimiento?
De la búsqueda constante de nuevos conocimientos en nuevos horizontes. Cada cultura tiene un tesoro único y eso a mí me despierta interés, quiero conocerlo, deseo entenderlo. Quiero sentirme vivo, crecer como persona y ser un poco más humano.

¿Cómo capta la esencia de los lugares a los que va para componer canciones?
Mezclándome con las gentes, pisando las calles, hablando con ellos, preguntando mucho y, sobre todo, escuchando más que hablando.

África es una de sus musas.
África es el continente más rico del mundo. Allí siempre reciben al visitante con sus puertas abiertas y una sonrisa enorme. Estoy enamorado de África. No tardaré mucho en ir, porque allí es donde más feliz me siento.

En Perú tocó en el ‘infierno’ de la cárcel de Ancón II.
El escritor mexicano Jesús Revueltas decía: «En este lugar maldito donde reina la tristeza, no se castiga el delito, se castiga la pobreza». Y es así, todos no somos iguales ante la justicia. Si eres pobre y no tienes dinero para un buen abogado puedes pudrirte en la cárcel. Tocar en el Penal Piedras Gordas de Ancón II, en Lima, fue muy duro, salí sin energía. La situación en la que viven es tan precaria que lo mínimo que uno puede hacer por ellos es hacerles pasar un buen rato y hacerles olvidar por unos instantes del infierno en el que habitan.

También probó suerte como músico en el metro en Canadá.
El metro es una buena escuela, allí te pagan por ensayar y puedes percibir si una canción funciona o no. Si durante un buena rato nadie se para y no te echan una moneda, esa canción es mejor dejarla e ir a por otra. Mis discos nacen de los viajes y muchas de las canciones que se incluyen en ellos son escogidas por la repercusión que tienen al cantarlas en el metro.

¿Tocar en la calle es duro?
Es lo más duro que hay porque la gran mayoría de gente pasa ante ti sin prestarte atención. Pero, a la vez, es muy recomendable porque te hace bajar a la realidad y comprender que cuando no estás en tu círculo más cercano eres poco más que un anónimo cantautor y que tu caché depende del público, no de tu ego.

¿Qué se siente cuando la gente pasa de largo?
Muchas veces te entran ganas de llorar y piensas en dejar de cantar, aunque en otras ocasiones ocurren cosas mágicas que nunca te podrán suceder durante una actuación en el mejor de los escenarios.

¿Es necesario tocar gratis en lugares de todo tipo para darse a conocer?
Es necesario tocar gratis para aquellos que no pueden pagar una entrada y valoran, agradecen y prestan atención con tu labor social. Si hay negocio de por medio es mejor no tocar gratis, entonces, todos debemos ganar o todos debemos perder. Hay que jugársela a partes iguales. La promoción está en el día a día, en tus acciones. La música es un viaje y cada uno debe saber decidir cuándo y dónde despedirse con elegancia.

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